La crisis del ejercicio profesional del arquitecto ante los cambios tecnológicos y sociales

Por el Arq. Agustín García Puga

(Miembro de la Unión Internacional de Arquitectos, Vice Presidente 1º y Presidente de Subcomisión de Ejercicio Profesional de la Sociedad Central de Arquitectos)

 Si hay algo que está claro en este mundo es que lo único permanente son los cambios. Los profundos y constantes avances tecnológicos impactan de manera directa en las costumbres y modalidades que van adoptando las sociedades, incidiendo también en las formas del trabajo y en la aplicación de nuevos conceptos de valorización del mismo.

La profesión de Arquitecto no escapa a esta realidad global y actualmente es casi imposible para la gran mayoría del universo de colegas poder ejercer la profesión tal como lo hicieron Ernesto Bunge y Juan Buschiazzo, primeros egresados de la universidad de Bs. As con el título de arquitecto y socios fundadores en 1886 de la Sociedad Central de Arquitectos, segunda institución profesional más antigua de Argentina.

La proliferación en los últimos años de múltiples tareas administrativas y técnicas desvinculadas del tradicional “proyecto y dirección de obra”, son una clara muestra de cómo van surgiendo actividades que  antes eran consideradas como complementarias o periféricas de la profesión, pero que hoy son realizadas por la mayoría de los profesionales que no diseñan. Los últimos estudios revelan que de los casi 90000 arquitectos del país, la oferta profesional supera la demanda laboral y apenas un porcentaje menor al 20% posee un estudio propio. En el CPAU, según lo relevado en el 2016, un escaso 15% del total de encomiendas profesionales corresponden al rubro de proyecto de obras, siendo el resto repartido entre diversas tareas como ser peritajes, tasaciones, informes técnicos, impacto ambiental, ley 257, habilitaciones y trámites, por mencionar las tareas más usuales.

Las responsabilidades que recaen sobre los arquitectos, especialmente sobre el director de obra, no es correspondida con normas claras de los códigos de construcción o procesos de fiscalización que posean criterios técnicos uniformes y claros.

Presentar planos de permiso de obra para pequeñas construcciones o modificaciones resulta imposible con los requisitos, costos y demoras de aprobaciones. En general, la tipología “casa chorizo” o unidades de vivienda tipo PH no cumplen con las normas y resulta casi imposible adaptar las mismas a un formato reglamentario, lo que provoca que la mayoría sean intervenidas sin la presentación de documentación legal ante el municipio.

La DGFYCO, organismo encargado de inspeccionar obras de la ciudad realiza unas 400 clausuras de construcciones sin permiso mensualmente, lo que evidencia un problema con las obras pequeñas. En un contexto de crisis habitacional, las necesidades de espacios para las personas que no pueden acceder por razones económicas a viviendas más grandes, trascienden a los códigos. No hay peor normativa que la que no se puede cumplir y los modos de habitar han cambiado. Una construcción típica PH de 1930/1940 que posee habitaciones de 4 m de altura que ventilan a través de una galería que deja un aire y luz de 3 m – no reglamentario para las normas actuales – va a ser muy difícil que no sea intervenida y ampliada con un entrepiso o divisiones de muros por sus habitantes.

Muchos arquitectos trabajan en este tipo de obras ya que los propietarios quieren hacerlas con profesionales que los asesoren y hagan un diseño adecuado a sus necesidades, pero el problema de la construcción clandestina por necesidad habitacional se genera cuando se encuentran que para presentar planos, la normativa actual no lo permite.

El Estado debe ser un facilitador de la gestión e interpretar los procesos de cambios y las dificultades que tienen los ciudadanos por no contar con instrumentos normativos que sean flexibles y ágiles. La muy buena iniciativa de realizar cambios en el código de la edificación actual, redactado hace 74 años y muy obsoleto, tiene la gran oportunidad para legislar también un capítulo sobre obras de ampliación y modificación en tipologías PH o casas “chorizo” que propicien la presentación de planos y más trabajo para los profesionales.

Este es el momento oportuno para cambiar desde el Estado el fondo y no las formas como se hizo siempre y fomentar el trabajo dentro de los marcos legales que regulan la convivencia  ciudadana para mejorar las condiciones urbanísticas, estéticas y de hábitat, pilares que fundamentan la profesión y misión de los arquitectos.

Author: Revista Obra

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